La igualdad de
enseñanza se refiere a proporcionar una calidad de enseñanza equivalente a
todos los alumnos, que un modelo comprehensivo puede garantizar mediante no
sólo un currículum sino también en unos centros y profesorado formalmente
equivalentes. Cabe entender la enseñanza como la interacción de profesores,
estudiantes (incluidos estos entre sí) y contenido, en un determinado entorno. Pretender
una calidad de enseñanza con pretensiones de igualdad implica cuidar estos
cuatro elementos para que pueda darse una interacción productiva y en
condiciones formalmente equitativas.
Es obvio que los
alumnos aprenden es resultado de lo que sucede en las aulas, y esto depende
principalmente de la acción del profesorado. Por eso, un sistema educativo, que
pretenda luchar por una equidad, debe cuidar en extremo la calidad de sus
docentes. Una calidad para todos supone garantizar una buena educación a todo
el alumnado, lejos de cualquier forma de exclusión social y personal; de otra
parte, un currículum y experiencias de enseñanza valiosas culturalmente. Si el
núcleo son “buenos aprendizajes” para todo el alumnado, esto supone, en un
primer nivel, contar con estrategias de enseñanza, contenidos del currículum y
el desarrollo de las necesidades de aprendizaje de los alumnos; en uno segundo
con buenas escuelas con un conjunto de procesos y, en último, con un marco de
política educativa que lo potencie.
Referencia bibliográfica: Bolívar, A (2015). Justicia social y equidad escolar. Una revisión actual. Revista internacional de educación para la justicia social, 1 (1), 9-45.

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