Hace cuestión de solo unos meses se publicó La Movilidad Social en España de Ildefonso Marqués-Perales. Es, probablemente, el compendio sobre la materia más completo y actualizado de los últimos 15 años. Han pasado muchas cosas en este periodo desde los trabajos de finales del siglo XX de Javier Echevarría y Julio Carabaña, pero más bien poco en lo relativo a la movilidad social. En resumen, las tasas de movilidad social ascendente, tanto para hombres como para mujeres, no solo se han congelado sino que han comenzado a caer a partir de la década de los ’90, situándose en cifras de mediados de los ‘70. Y eso, sin contar con las actuales generaciones de jóvenes que hoy en día sufren altísimas tasas de sobreeducación , dado que, en movilidad social, la investigación ha convenido fijarse solo en aquellas personas que han llegado a su madurez laboral, es decir, a los 35 años. Igualmente, Marqués-Perales comprueba cómo España sigue siendo, junto con Grecia, Portugal e Irlanda, uno de los países con las tasas de movilidad social relativa más bajas de Europa, frente a Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia que se sitúan a la cabeza. Sí. Menuda sorpresa.
La movilidad social, en particular la relativa, es un fiel indicador de cómo se ha mejorado en igualdad de oportunidades a lo largo del tiempo. Nos habla de cómo la sociedad en la que vivimos ha permitido que sus miembros desplieguen todas sus potencialidades y sus orígenes sociales no hayan supuesto ningún menoscabo para su pleno desarrollo profesional. Potenciar la igualdad de oportunidades para aumentar la movilidad social no es un objetivo finalista en sí mismo. Su abordaje también implica atender a la igualdad de resultados, es decir, atender a las desigualdades sociales y económicas de una sociedad. Estas desigualdades pueden abordarse con intervenciones más a corto plazo y con resultados más inmediatos (como las reformas fiscales), pero la movilidad social implica desarrollar políticas que den pocos resultados al finalizar una legislatura. Entraña compromisos políticos solo alcanzables con sólidos pactos de Estado en educación, familia, mercado de trabajo, bienestar, etc., de muy largo recorrido. Movilidad y desigualdad social son las dos caras de un mismo fenómeno, el camino hacia la justicia social, y que hoy día debe situarse en el núcleo del debate público y político. Y no es para nuestra generación. Será para la próxima. Pese a que nos cueste hablar sobre el tema.
No hay comentarios:
Publicar un comentario