Álvaro Marchesi en su artículo "Un sistema de indicadores de la desigualdad educativa" para la Revista Iberoamericana de Educación parte de la constatación de que las desigualdades escolares no se originan en el sistema educativo, sino que se agravan en él.
Distintos estudios sobre la desigualdad educativa han destacado sus diferentes definiciones, lo que posibilita un primer acercamiento al problema. Es posible hablar de igualdad de oportunidades cuando todo el alumnado tienen legal y formalmente las mismas oportunidades educativas.
Cuando estas oportunidades son accesibles a todos los alumnos, superando formas de acceso o selección encubiertas, el término más adecuado es el de igualdad en el acceso. Un nivel superior de igualdad aparece cuando, una vez asegurada la igualdad en el acceso, se ofrece un programa educativo similar a todo el alumnado, y se evita consecuentemente, que los alumnos procedentes de clases sociales populares estén en la mayoría de casos representados en los programas menos valorados social y académicamente: aulas especiales, programas de educación compensatoria o programas de garantía social.
Finalmente, la igualdad en la educación encuentra su mayor significado cuando se analizan los resultados escolares del alumnado. La igualdad de resultados evidencia que se encuentran rendimientos semejantes entre alumnos originarios de diferentes clases sociales, culturas o sexos. Esta última acepción tiene un claro factor utópico. Si las diferencias sociales contribuyen en mayor o menor medida en el progreso educativo de los alumnos, resulta previsible encontrar diferencias entre ellos debidas a su origen social.
Sólo la nivelación de las diferencias sociales (labor que no es responsabilidad directa del sistema educativo) o el desarrollo de estrategias de intervención que eviten la incidencia de desigualdades sociales en el ámbito educativo, permitirán el alcance de un objetivo mayormente igualitario.
Referencia bibliográfica:
Cuando estas oportunidades son accesibles a todos los alumnos, superando formas de acceso o selección encubiertas, el término más adecuado es el de igualdad en el acceso. Un nivel superior de igualdad aparece cuando, una vez asegurada la igualdad en el acceso, se ofrece un programa educativo similar a todo el alumnado, y se evita consecuentemente, que los alumnos procedentes de clases sociales populares estén en la mayoría de casos representados en los programas menos valorados social y académicamente: aulas especiales, programas de educación compensatoria o programas de garantía social.
Finalmente, la igualdad en la educación encuentra su mayor significado cuando se analizan los resultados escolares del alumnado. La igualdad de resultados evidencia que se encuentran rendimientos semejantes entre alumnos originarios de diferentes clases sociales, culturas o sexos. Esta última acepción tiene un claro factor utópico. Si las diferencias sociales contribuyen en mayor o menor medida en el progreso educativo de los alumnos, resulta previsible encontrar diferencias entre ellos debidas a su origen social.
Sólo la nivelación de las diferencias sociales (labor que no es responsabilidad directa del sistema educativo) o el desarrollo de estrategias de intervención que eviten la incidencia de desigualdades sociales en el ámbito educativo, permitirán el alcance de un objetivo mayormente igualitario.
Referencia bibliográfica:
Marchesi, Á. (2000). Un sistema de indicadores de desigualdad educativa. Revista Iberoamericana de educación, 23, 135-163.

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